Diario de Navidad II

25 de Diciembre. He podido resistir la invasión de esta pequeña casa por 20 energúmenos a los que suelo llamar familia. Y por ser hombre me ha tocado ser el porteador de la mesa de 2m que ha permitido que toda la marabunta sedienta de cava y villancicos se sentara junta.

Hoy me he despertado de mejor humor, pero sigo contando las horas que faltan para que vuelva a mi solitaria y aburrida casa, donde solo viene la gente a la que invito y donde el volumen de la conversación y/o de la TV lo decido yo. Tener Internet está siendo mi salvación estas Navidades y cada vez que rebosa el vaso de mi paciencia, me siento y tecleo un poco, así levanto la tapa de la olla a presión y vuelvo a un estado Zen. Eso y darme una vuelta con Neo mientras me fumo un canuto está siendo algo imprescindible para evadirme de la jauría navideña.

Y es que desde el momento en el que han empezado a venir tías, tías abuelas, primas y sus respectivos maridos/novios, mi pequeña felicidad ha ido disminuyendo, porque no se si lo sabéis, pero mi familia es toda femenina, excepto mi primo y yo. Prácticamente todos los varones son “de fuera”, lo que hace que mi relación con ellos sea casi cordial. Solo el largo paso de los años ha hecho que tenga cierta confianza con alguno, teniendo en cuenta que apenas nos vemos 1 o 2 veces al año. Así que os podéis imaginar el alboroto de 16 mujeres navideñas hasta arriba de cava. Y yo en un lado intentando crear una burbuja de jabón que me aislara un poco, pero que explota por las efímeras conversaciones de un lado y otro.

-Bueno… ¿y qué tal todo?
-Eeehh… todo bien
-¿Estás trabajando?
-No, tengo un proyecto para una tienda… para Febrero seguramente…
-Qué pelo más largo llevas, te hace un cabezón…
-Eeehh… pues si.

Y yo pensando -¿Para eso quieres hablar conmigo? ¿para no hacerme caso cuando conteste y tener la excusa de decirme lo que no te gusta de mi? ¿ahora qué me diras, que no te gusta la barba o el piercing y que llevo los pantalones como Cantinflas? ¿para eso quieres cruzar unas palabras y luego volver a tu copa de cava? Pues para eso no hace falta que despegues la copa de la boca, total, para lo que vas a decir… mejor te callas.

Pero bueno, qué voy a hacer, al fin y al cabo son mi familia y les quiero, pero les quiero más cuando no es Navidad, cuando no gritan ni cantan. Al final me he podido escabullir al balcón con mi portatil y al menos me he ahorrado unas cuantas horas de agobio. Porque horas ha habido para parar un carro, hemos empezado a comer a las 3 y la sobremesa se ha prolongado hasta las 9. Y venga risas histericas y venga villancicos rancios que nadie recuerda enteros y venga cava. Argh…

Al menos he conocido a la nueva mujer de la familia, si otras más. Qué ojitos azules y qué naricilla más chiquitina, como esos deditos que parece que los haya hecho alguien especializado en miniaturas. Me imagino a un oriental con una lupa gigante colocando el dedo meñique con infinito cuidado y aplicando un poco de soldadura con cara de estar orgulloso, como un escultor dando los ultimos retoques. Los bebés tienen eso, despiertan una ternura especial, aunque estén llenos de mocos, griposos y malhumorados. O aunque vomiten la papilla en medio de la mesa.

Dos días menos para volver a casa y olvidarme de la Navidad.

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7 comentarios en “Diario de Navidad II”

  1. Gordi Says:

    A medida que pasan los años nuestra relación con la familia cambia, no necesariamente porque personas con las que no tenemos nada que ver cambien y se conviertan en personas que nos gustan.

    Si uno tiene la desgracia de que le pase algo terrible parte de esa familia que le agobia y de la que se siente desplazado estará a su lado INCONDICIONALMENTE. Y entonces apreciará hasta el infinito tener una tía paliza, un tío gruñón y una prima pija que, a pesar de todo, le aman y están a su lado.

    No es que entonces cambie la opinión que uno tiene sobre ellos (ni la de ellos sobre uno) pero reconforta pensar que algunas de esas personas nunca van a desaparecer.

    Tómatelo con humor. Ya verás como luego te echas unas risas cuando lo cuentes o lo recuerdes con ellos y la cosa cambia.

    Y, si no, consuélate pensando que son sólo unos días al año.

    Un beso

  2. Blind-y Says:

    Me encanta la ternura que le inspira un bebe a un hombre, me encanta. Por otro lado, tienes suerte de que tus tías no te saquen el tema de la mujer salvaje:
    _Y qué…¿Como andamos de novias….??
    _Bueno….alguien hay por ahí
    _Anda, y cuando la vamos a conocer??bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla……………………………..
    _cansina, cansina, cansina,cansina, cansina

    (A mí me pasa, solo que como la respuesta es no, entonces la discursión deriva a otros menesteres….)

  3. .undermind Says:

    Gordi, yo no me siento desplazado de mi familia y de hecho me gustan prácticamente todos. El problema no es cómo son, sino cómo se comportan en Navidad + que la confianza da asco + que no me apetece estar aquí = agobio.

    Por cierto ¿cuando has dejado de ser triste para animar a los demás? Me gusta verte positiva.😉

    Blind-y también me ocurre, pero ahí parece que se frenan pronto. Yo por si acaso no cuento nada por iniciativa propia.

    Saludos.

  4. eme Says:

    Sí, tienes razón, la gente se pone especialmente pesada en estas fechas. ¡Además parece que todo tenga que ser alegría y felicidad! Bueno, cada uno que lleve su ritmo, ¿no?

    Ahora te voy a dar envidia: esta tarde abandono yo el barco😛 jijijiji.

    ÁNIMOOOOOOOOOOO…

  5. Vértigo Says:

    Ya queda menos para que se acabe! Besos.

  6. Princesa Says:

    La navidad con niños es diferente y alocada y te devuelve a épocas remotas en las que aún eramos niños. Yo me lo pasé muy bien recogiendo caramelos de papa noel con mi enano. Esos instantes de felicidad son los que se quedan en el recuerdo.
    Todo lo demás deja de ser importante cuando ellos sonríen.
    Y sí, los hombres portean mesas, sillas y todo objeto pesado que quede alrededor.
    Saludos. Feliz Navidad
    “La egocéntrica”


  7. Bueno, al final no todo fue tan mal. Besos PD: Sí los bebes tienen eso, algo que te atrapa, al menos así me tiene mi sobrinilla. Besos


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