La aventura del sofá

record_sofaAyer por fín pude recojer el sofá de tres plazas, después de un més entero intentando ponerme de acuerdo con un colega y su furgoneta. -No más estar tumbado delante de la tele con los pies colgando porque no cabes en ese tan pequeño de dos plazas…-, como diria Mr. Burns juntando los dedos de las manos… -…excelente-. Y es que la gente pobre como yo sólo podemos optar a robarle internet al vecino y esperar a que tus familiares/amigos vayan cambiandose el mobiliario para ir recogiendo sus desechos. Lo que a unos les sobra a otros les urge.

Y ahí nos lanzamos el Sábado, el chico del lejano oeste y yo con una furgoneta que parece que hubiera pertenecido a una familia gitana rumana tradicional, a la busqueda del sofá perdido. El viaje de ida sin problemas: vamos, lo cogemos, lo metemos en la furgoneta y caminito a casa. El problema fue cuando llegamos a mi casa y nos dimos cuenta de que el sofá no cabía en el ascensor

-Mierda, no cabe por unos centímetros… tendremos que subirlo por las escaleras…

Con más fuerza que maña, conseguimos orientarlo hacia la escalera cuando aparece mi vecina del primero con su perro boxer blanco (¡ese no!, como este), que es igual de joven que de grande y fuerte (menuda bestia). Les dejamos pasar, empezamos el ascenso al Turmalet y de repente el perro baja las escaleras y se escurre por un hueco. Consigo frenarlo con una rodilla…

-¡Vamos perro! (no recuerdo el nombre), ¡sube! ¡Me cago en tu padre…!- grita mi vecina -joder mierda de perro…
-¡No puede subir, ya ha pasado el sofá!, ¡lo tengo aquí!-
le grito yo
-¡Pues bajad el sofá!-
continua gritando
-¿Bajad el sofá? Será gilipollas esta tía…-
pienso mientras prefiero mantener silencio a crearme un enemigo en la escalera

De repente, veo las piernas de mi vecina asomar por encima de la barandilla mientras oigo a una amiga/hermana/loquesea suya que le grita que va a bajar por el ascensor

-¿Pero qué haces? No saltes la barandilla, baja por el ascensor, que tengo el perro aquí- y el ascensor a mi espalda
-Me cago en la mierda del perro…-
refunfuña mientras acaba de saltar, justo en el momento en que su amiga llega con el ascensor
-Definitivamente, esta tía es tonta…-
pienso mientras observo atonito la escena

Ella no se corta en darle varios azotes al perro, el cual segúramente ni los siente dado su volúmen muscular. Ni tan sólo se queja, ni siquiera gira la cabeza para mirarla, definitívamente el perro no capta el mensaje, solamente se le calienta el culo.

-Los azotes te los deberían dar a ti, gilipollas…- pienso para mí -…no tienes ni idea de cómo tratar a un animal…

Mi amigo y yo nos miramos y soltamos una sonrisa nerviosa ante la patética escena. Es hora de la fuerza bruta, arriba con el sofá, que son tres pisos y ni siquiera hemos llegado al primero. Unas gotas de sudor después estamos delante de la puerta, mi perro ladra, me acerco, golpeo la puerta con un nudillo -sshh!-. Cuando abro la puerta el perro está a una distancia prudencial, callado… tranquilo.

-¿Tienes algo para beber?- me dice mi colega sentándose después del trabajo bien hecho
-Fanta de limón, ni cerveza, ni coca-cola…- me entra la risa
-Lo que sea mientras este frío… ¿qué coño ha pasado ahí abajo?-
sonríe
-Jajajaja, si ¿eh? qué fuerte…

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2 comentarios en “La aventura del sofá”

  1. Gohan Says:

    Jajaja, desde luego las mudanzas son un coñazo y dan lugar a situaciones como poco cómicas, la peor parte suele ser mover los sofás, es lo peor. Yo en 2008 hice 4 mudanzas y cada vez que había que mover el sofá se me caía el alma al suelo jeje.

  2. Cécile Lemonnier Says:

    Si tu vecina trata así a los perros, que no hará con los lobos, o lobitos (sonrisa)…
    Un abrazo.


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